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La neurosis de la cultura digital

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La trampa de los mitos hegemónicos es que conducen a una falsa imagen de auto-realización en el progreso

Cada modelo económico transmite una serie de principios y valores, que pasado el tiempo se transparentan en simples mitos o ficciones, éstos cumplen el papel de propaganda ideológica. El nazismo difundió la idea de un superhombre destinado a gobernar Europa, el estalinismo escondió el fracaso de la burocratización económica bajo la imagen de un líder omnipotente que lo sabía y lo podía todo. El liberalismo, con arrogancia, ha vendido la idea de manos invisibles, de libertad y progreso, mientras los bolsones de miseria crecen en todas partes al amparo de sus políticas globales y sus guerras fuera de casa matan a miles de personas.

Todos esos sistemas coinciden en un punto: nos venden un futuro que justifica su existencia y que imponen como única verdad a la sociedad pasiva. Ello lleva aparejada una actitud acrítica a las contradicciones del presente, pero también tiene como efecto psicológico en el individuo, el aparecimiento de una especie de neurosis por exclusión, nadie se quiere quedar atrás, nadie quiere que lo deje el tren del progreso y por ello todos se suben con frenesí a lo que el poder de turno dicta como el único camino. Esa estrategia mediática se cristaliza en lo que cada individuo puede considerar como los beneficios de la subordinación frente al poder real, precisamente porque hoy la dominación tecnológica, ese espíritu hiperconectado, no necesita fusiles y palos para domesticar la conciencia de las masas, utiliza el antiguo recurso de la persuasión a través de los infinitos medios a su alcance.

Fue Aristóteles el que descifró los mecanismos de la persuasión a través de la retórica, y a partir de allí los filisteos se reprodujeron en el mundo. El neoliberalismo (hijo bastardo del liberalismo) no es distinto, si por un lado nos ofrece el consumo permanente como el supremo paquete de felicidad contemporánea (aunque no todos podamos acceder a ello), por otro nos convence de que la revolución tecnológica y las redes sociales expresan un futuro inevitable.

Pero no se trata aquí de un discurso antitecnológico, de si Elon Musk es un manipulador con una gran billetera o un profeta lleno de bondad, o si viajar a la luna debe ser accesible para las mayorías. Al fin y al cabo todo es tecnología, desde un cuchillo hasta un cepillo de dientes. La trampa de los mitos hegemónicos es que necesariamente nos llevan a una falsa imagen de autorealización en los progresos de turno y de paso construyen un futuro de cartón, que la mayoría de veces no existe, porque no nos cuentan toda la historia. De tal suerte que no ser parte de la realidad virtual nos provoca una neurosis infantil y hacemos todo lo posible por no ser excluidos de ese mundo maravilloso que se vende como panacea de una sociedad global y al que todos queremos pertenecer “cueste lo que cueste”.

Somos nosotros los que nos subordinamos voluntariamente a la estupidez del mercado

Recordemos que la neurosis está marcada por la angustia y la ansiedad. Nos angustia ser excluidos del futuro, aunque nuestro presente sea bueno, nos produce una gran ansiedad estar atrasados en los grandes avances tecnológicos y estar ausentes de las redes sociales más populares. Nos venden un futuro falso que imponen como única verdad a la sociedad pasiva. De alguna manera el hedonismo ha pasado del espejo a la pantalla del computador, o dicho de otra forma: el Selfie es el nuevo espejo contemporáneo y los retoques de belleza a un rostro real, ahora se hacen con filtros para embellecernos y producir un rostro irreal, a todas luces una mercancía.

A simple vista suena bien, mejorar nuestra imagen aumenta nuestra autoestima, pero ocurre todo lo contrario, la saturación discursiva del yo vaciado en las redes sociales y retocado artificialmente, produce un discurso ético y estético vacío, por tanto el punto de partida del discurso del yo, tanto como su embellecimiento son falsos, superficiales o meras imposturas para pasarla bien o fingir que somos felices.

Pero la antítesis constructiva a toda esta propaganda de los mitos hegemónicos está en nosotros mismos. Siempre se puede luchar contra una farsa (a menos que no lo sea). Somos nosotros los que nos subordinamos voluntariamente a la estupidez del mercado, sin amenazas nos subordinamos a una serie de valores y de paso legitimamos poderes político-económicos a veces visibles y a veces invisibles.

Por tanto debemos ser conscientes de nuestro poder ético, político y moral en las propias entrañas del sistema. Practicar la libertad, no como nos la han vendido, sino la libertad real, implica actos de autonomía donde podamos ser felices sí, pero también tener la capacidad de criticar, discernir, reflexionar y si es posible cambiar de rumbo.

Hay una lucha que si podemos hacer desde la soledad de nuestros medios tecnológicos y es tomar conciencia que no todo lo que encontramos allí es real, no todo es verdad y no todo es necesario. Por tanto podemos empezar a ser felices con el café que nos tomamos todas las mañanas, con esos paseos por el parque, con ese momento en el que disfrutamos la sonrisa de nuestros hijos, con los actos pequeños de solidaridad hacia los otros o con un simple abrazo. Todo ello no se puede comprar ni vender, todo ello no ocurre en las redes sociales, necesita ser vivido.

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Se cierra el círculo de la corrupción

Resulta por demás preocupante la reciente asignación de magistrados para la Corte de Constitucionalidad (CC) para el período 2021-2026, particularmente porque muchos de ellos tienen acusaciones en su contra. En pocas palabras, no es de extrañar que se intenten cooptar las cortes a través de jueces corruptos que favorecen los intereses de la élite política y la élite económica. Pero el trasfondo de ésto va más allá del mero intercambio de favores entre funcionarios.

Queda claro que para la alta lumpenburguesía (élite criolla), es importante colocar en puestos de poder (CC) a estos peones a su servicio, que pertenecen a meros «estratos paria» o directamente a la «baja lumpenburguesía» que opera en el llamado pacto de corruptos (políticos, militares, jueces y burócratas). El objetivo es cerrar el círculo de cooptación de los tres organismos del Estado, lo que equivale a decir que intentan cerrar también el círculo hegemónico, que les permitirá utilizar la ley, no solamente para seguirse lucrando de la cosa pública, sino también para neutralizar a la oposición política.

Cambio de paradigma global

«Las verdaderas tragedias no resultan del enfrentamiento entre un derecho y una injusticia. Surgen del choque entre dos derechos».

Hegel

Aproximarnos al conflicto entre Rusia y Ucrania, requiere tomar en consideración un abanico de premisas, que se alejan del reduccionismo moral y del alarmismo generalizado. El primer factor a tomar en cuenta, es que la coyuntura bélica, a través de los medios de comunicación, nos envuelve en una bruma de propaganda que fortalece el desasosiego, la tragedia y el miedo, pero sobre todo una mirada maniqueista del conflicto. Y toda propaganda de guerra, en blanco y negro, está circunscrita en una estrategia que apela a las emociones y que no respeta la verdad, tan solo persigue el desprestigio moral y político del enemigo y el reclutamiento de conciencias. Por tanto, un análisis equilibrado requiere ver el conflicto desde varios puntos de vista: histórico, antropológico, nacional e internacional y no solo desde el periodismo testimonial, que se sumerge en la tragedia existencial del individuo, obviando el contexto general. Precisamente, el derrumbe de las pequeñas vidas rotas, nos obliga a tomar una decisión moral por los que sufren, pero ello no equivale a tener un criterio político al respecto.

A partir de allí, quizá tendremos que construir una noción de cómo, en la actual coyuntura, estamos asistiendo a un cambio de paradigma en las relaciones internacionales y los valores que la sostienen y ello necesariamente implica un nuevo orden mundial y una redistribución de la hegemonía con otros actores emergentes en el plano internacional. Todo ello también implica, que el sistema de valores y lógicas de Estado, tendrá que cambiar necesariamente.

En principio, la hegemonía se puede llegar a ganar en tres niveles: económico, ideológico o militar. Los tres niveles están conectados, pero en determinadas épocas, uno de ellos tiene mayor beligerancia. Rusia es un país complejo, cuya comprensión requiere profundidad histórica, ya que si bien los requerimientos de seguridad nacional esgrimidos por Vladimir Putin, se remiten a los compromisos adquiridos por occidente después de la caída del muro de Berlín en los noventas y su falsa afirmación de no expandirse hacia el este de Europa, existen factores antropológicos como el nacionalismo ruso, el cual involucra la defensa de la cultura eslava, que de forma indirecta es la defensa de los ruso-parlantes en el Donbás, reprimidos por las fuerzas político-militares ucranianas desde 2014 y a los cuáles se les prohibió hablar el ruso. Por tanto, en el marco histórico del conflicto no podemos excluir los factores atropológicos y culturales que envuelven las afinidades y enfrentamientos entre las naciones. Aunque después de la segunda guerra mundial, el lenguaje racial se ha excluido de la escena política, las condiciones vitales que lo sostienen permanecen. Creer que los valores eslavos, teutones, galos y anglosajones son equivalentes, podría ser un punto ciego, que permita excluir un factor de peso en el conflicto. Por lo mismo hay que considerar el choque cultural en este conflicto.

En el plano global, Rusia adopta una estrategia híbrida, por tanto, el uso de la fuerza militar, es solo una variable para ganarse un espacio en la hegemonía mundial en pleno siglo XXI, pero no es su única carta. A quién le extrañe esta opción abierta a las potencias, seguramente ha olvidado cómo, Estados Unidos, jalando con correa a sus aliados, se han ganado la hegemonía internacional. Grosso modo, en Irak: bajo falsa bandera de armas atómicas en posesión de Sadam Huseim, los aliados invadieron, dejando tras de sí mas de 106,348 civiles muertos hasta julio de 2010 (según la organización Iraq body Count). Su objetivo solapado tras un discurso de liberación del pueblo iraki, era simplemente apoderarse de los pozos petroleros. Posteriormente, bajo falsa bandera de “revolución de colores”, cae Libia, Egipto y Siria. En todos los casos se repite la misma estrategia: actores civiles movilizados por agitadores entrenados por Estados Unidos (agentes infiltrados), y una característica militar: Todos estos países eran vulnerables y estaban en desventaja militar contra Estados Unidos y sus aliados, además de pertenecer a la periferia Europea, muy lejos de sus fronteras. Tanto la ejecución de Huseim (ahorcado) y el cuerpo mutilado de Gadafi, fueron expuestos por los medios occidentales como trofeos de guerra. Estados Unidos mostraba así su hegemonía militar y cultural y su capacidad para generar simpatías en las masas ignorantes de occidente, frente a hechos sanguinarios e injustificables. De hecho, las llamadas primaveras árabes promovidas por occidente, han sembrado mayor muerte y destrucción en el medio oriente y África y han generado mayor inestabilidad en la región, que cualquier lider autoritario inflado por los medios occidentales. Por tanto, cabe preguntar en contraste con los hechos actuales ¿dónde están los testimonios desgarradores de esos miles de mujeres y niños de medio oriente y África, como equivalente mediático a lo que hoy vemos en Ucrania?¿Acaso vale mas la vida de unas naciones que la de otras? Al parecer, solo la fuerza militar invierte esta ecuación.

Hasta ese momento, el mundo hubiera pensado que la hegemonía se cifraba bajo el lente opaco de la moral occidental, sin embargo, los propios intereses geoestratégicos de Rusia en Siria, hicieron que el conflicto diera un giro inesperado, en ese momento, la intervención militar rusa evita la propia balcanización de Siria, a favor del depuesto Bashar al Assad, dando un giro estratégico al conflicto. La tan celebrada revolución de colores en Siria ha dejado un presupuesto de 350,000 victimas entre mujeres y niños, según la ONU. ¿Dónde están las voces de alarma en Europa frente a ésta ignominia?

Al parecer la muerte también está estratificada, lo que equivale a decir que la vida cambia de valor, según la región de nacimiento de la víctima. En pocas palabras, la vida de un niño ucraniano no vale lo mismo que la vida de un niño sirio, aunque en siria hayan muerto cien veces más niños. La razón es esencial: occidente siempre ha esgrimido un doble rasero, donde aparece con valores legítimos, que solo pueden ser aplicados a un grupo selecto de la humanidad, mientras que en campañas internacionales, se comportan simplemente bajo un principio práctico, ésto es: son humanistas al interior de Europa y sanguinarios en cualquier conflicto bélico que les favorezca. Esta contradicción, se revela hoy en las declaraciones agresivas y altisonantes de todos los mandatarios Europeos contra Putin, pero podrían haber sido dichas de la misma manera contra Bush hijo u Obama, por su intervención directa en África y medio oriente. El mensaje es claro, no se trata aquí de una moral universal o de valores democráticos, se trata de que cualquier hegemonía, en todo momento histórico, impone sus verdades a sangre y fuego.

Estamos seguros que los valores occidentales de defensa de la libertad y la democracia son legítimos sí, pero también son egoístas y excluyentes; ello implica que se restringen y se aplican a un grupo de naciones y ciudadanos, cuyo privilegio implica ser y pensar como occidentales (derecho restringido). Occidente aparece plagado de discursos humanistas, cuando el conflicto toca a sus puertas, pero cuando se trata de otros pueblos, los miles de muertos no cuentan, porque son árabes o africanos y porque la agresión carece de consecuencias. Esta actitud político-militar de occidente se sostiene paradógicamente en los valores-egoístas de libertad y democracia, y no como esgrimen sus políticos, en valores universales. Por tanto los valores de libertad y democracia, aparecen en occidente como un privilegio, circunscrito a las propias relaciones de hegemonía de las metrópolis capitalistas con el resto del mundo. Esta moral egoísta de occidente, se refleja en su apoyo abierto al golpe de Estado en Ucrania en 2014 y su indiferencia ante los grupos neonazis que tomaban el poder político.

El error estratégico europeo

fuente de la imagen: mrd.de

En este burdo maniqueísmo, se quiere oponer el racionalismo occidental al irracionalismo ruso, como si Putin dirigiera la guerra a solas, movido por una especie de locura y sin argumentos de peso. Otro juego mediático, que esconde la propia irracionalidad del comportamiento moralmente opaco de occidente. Todo, en este conflicto, expresa una cadena histórica de causas y efectos. Recordemos que la sorpresa actual de Europa frente a la avanzada militar rusa en Ucrania, tan solo es consecuencia de sus errores políticos, estratégicos y morales. Lo que los medios occidentales calificaron como una revolución democrática en 2014, que tuvo su epicentro en la plaza de Maidan, fue en realidad un golpe de Estado contra el presidente democráticamente electo Viktor Yanukovich, azuzado por grupos ultranacionalistas y acuerpado por Washington. En aquel momento Europa apoya el golpe de estado en pleno y celebra el asenso de grupos abiertamente neonazis al poder. La carta que se juega Europa es peligrosa: el debilitamiento ilegal de un aliado de Rusia, podía crear un muro natural contra el gigante euroasiático y podía llegar a contenerlo. A todas luces, el hecho de que los grupos que tomaban el poder esgrimieran símbolos fascistas y abiertamente glorificaran la figura de Stepán Bandera, un antiguo colaborador de los nazis, pone entre dicho la moral occidental y sobre todo cristaliza su pragmatismo político y relativismo moral. Pero sobre todo, Europa no quiso ver desde el principio, el impacto de la expansión de dichos movimientos políticos, percibidos como una Amenaza político-militar para Rusia. Desde éste momento Europa debió haber elaborado una estrategia propia, que estableciera lazos de cooperación y limites en las relaciones económicas y diplomáticas con Rusia, pero hizo lo contrario: simplemente se subió al tren de Estados Unidos, que a través de la OTAN, ya empezaban a alimentar el conflicto. Era en ese momento cuando debió empezar la diplomacia europea a operar en Rusia y no ahora. Por tanto, Europa llegó tarde a las negociaciones y su encuentro con Putin, ya no fue para hablar entre iguales, sino para manifestar su miedo y aversión a unos hechos que no vieron venir. En conclusión, la diplomacia europea se presentó estupefacta y mientras los medio decían que la moneda todavía estaba en el aire, en realidad las decisiones político-militares por la parte Rusa, ya habían sido tomadas hace mucho tiempo. Hasta el 24 de febrero de este año, Europa no hizo otra cosa que sumarse de forma apresurada a las sanciones promovidas por Estados Unidos, sin criterios geo-estratégicos, solo reaccionando emotivamente a un mal al que ellos mismos habían contribuido.

En pocas palabras, Europa traiciona sus propios valores democráticos al apoyar paralelamente en Ucrania en 2014 un golpe de Estado y un movimiento neonazi, llega tarde al proceso de negociación con Rusia y se pega un tiro en el pie, al sumarse irreflexivamente a las sanciones impuestas contra Rusia y recibir el impacto de desabastecimiento de gas y conbustible.

El mundo que viene

Fuente: Diario as.com

Mientras un nuevo mundo nace, otro perece

La personalización del enemigo en una sola persona, como la encarnación de todos los males, es tan solo una estrategia de propaganda occidental, vulgar y carente de contenido. Se quiere presentar a Putin como la encarnación del mal en el siglo XXI, obviando todas las aberraciones de las naciones occidentales. Los hechos anteriores solo nos dicen algo, el argumento no puede ser moral, porque aquí no hay buenos ni malos, ni occidente tiene las manos limpias, ni se puede justificar la muerte de civiles en Ucrania. Entonces cómo analizar el conflicto. Es el choque de hegemonías entre varias potencias, todo lo demás son daños colaterales, no solo para Rusia, sino también para occidente. Esa es la lógica económico-militar bajo la cual se está librando la batalla por un mundo multipolar.

Pero este cambio de paradigma ya se venía gestando en las políticas internacionales del gigante asiático, en la acumulación de oro con su par Rusia y en el cambio paulatino de divisa, que ya hace unos años empezaba a alejarse del dólar. Pero el cambio de paradigma representa para el egoísmo político-moral de occidente algo aparentemente contradictorio, tanto China como Rusia, han demostrado, que el capitalismo más pujante, puede convivir fácilmente con el autoritarismo, y que las premisas de la democracia y las libertades liberales, son meros factores culturales de occidente que no operan en oriente y tampoco son consustanciales al capitalismo. Estados Unidos y sus aliados son democráticos al interior de occidente y autoritarios y sanguinarios al exterior del mismo (contradicción moral); por tanto, esta batalla por la hegemonía de las grandes potencias, se libra en el plano territorial, moral, cultural y económico, la política apenas es un sirviente de los mismos. La apuesta de Rusia y China a este comportamiento es una: el mundo será tripolar o no será. Ello implica necesariamente el fin de la hegemonía mundial de Estados Unidos.

Pensamos que el siglo XXI iba a estar libre de nacionalismos, de guerra fría, de muros ideológicos y muros de ladrillo, pero al parecer la historia puede aparecer como un conjunto de fenómenos cíclicos, y no podemos ser idealistas en el enfrentamiento de las grandes potencias, en la redistribución del mundo solo pierden los más pobres y los países vulnerables. Aquí no hay buenos ni malos, dos bloques económicos se enfrentan para definir su lugar en la hegemonía internacional, y en base a sus intereses geoestratégicos establecen sus alianzas con el resto de países, que no son más que espectadores pasivos sin vos ni voto.

Anibal Barillas, Berlín

2022 / La nueva realidad

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La percepción de lo real esconde un sesgo ideológico y cultural

Históricamente la humanidad ha sufrido diversas transformaciones político-económicas, y cada una de ellas no solo ha significado un salto civilizatorio, sino también, ha tenido un efecto traumático en la sociedad. Hoy no es distinto: el frenético desarrollo de las tecnologías nos enfrentan a un cambio drástico de la realidad y notamos con asombro como esta se diluye entre dos mundos.

Pero saber o ignorar qué es real en cada mundo, depende de muchos factores externos al individuo, como la familia, la comunidad, la escuela o los medios de comunicación. Por lo mismo existe un sesgo ideológico y cultural en la idea que tenemos de lo real, lo falso o lo verdadero, y muchas veces ello se traduce en una lucha entre mundos tangibles e intangibles.

Un rasgo esencial de las actuales generaciones, es que la realidad ya no es percibida como una experiencia directa, sino como un conjunto de datos, una suma de experiencias indirectas que son fuente de verdad. Así, la revolución informática ha permitido la terciarización de la existencia, de tal manera que no necesitamos vivir un evento, otra persona lo vive por nosotros, y resulta que las emociones y opiniones de ese mensajero de la realidad (reality messenger), le da al hombre contemporáneo acceso relativo a diversos mundos, muchas veces inaccesibles a la mayoría. Sin embargo la empatía generalizada a este reality messenger, está cimentada en un discurso positivo y vacío, no implica que un discurso positivo no pueda ser profundo, pero la cultura pop es precisamente lo opuesto: mucha información hueca, historias atractivas mediadas por filtros de imagen, que consolidan el mensaje homogéneo de lo positivo y lo bello.

El complemento al reality messenger es la realidad digital (digital reality). Sabemos que una manzana que tenemos en la mano es real, pero no sabemos si la misma imagen en el computador existe o es un mero montaje. Ello genera entonces una crisis de credibilidad entre la realidad material y la realidad inmaterial, precisamente porque una está divorciada de la otra.

Pero esa falta de coincidencia no implica que la «irrealidad» no sea creíble para millones de personas. Lo que las masas piden son historias edulcoradas por el reality messenger e imágenes embellecidas por filtros en la digital reality, en otras palabras, el slogan de las masas actuales sería algo así como: «miénteme, pero que sea positivo y bello». Sustraer lo negativo y lo feo, precisamente porque el montaje de lo bello y lo positivo, nos permiten abstraernos de nuestros problemas cotidianos, nos liberan de una realidad material angustiante, problemas laborales, pago de impuestos, crisis familiares y todo aquello que pueda ser asistido por las ficciones analgésicas. Sin embargo, los efectos pueden ser mayores, porque esta dualidad pobremente embellecida es a-crítica con el mundo material, el trasfondo de la positividad dentro del mundo capitalista, no nos permite expresar «lo negativo y lo feo» que nos rodea y ello genera que la ficción analgésica sea un instrumento ideal para desmovilizar políticamente a la sociedad.

Pero si el capitalismo digitalizado triunfa porque alimenta las adicciones humanas y genera satisfactores subjetivos donde todo es mercantilizado: el sexo, las relaciones sentimentales, el ocio, el gusto y a hasta el disgusto; entonces deberíamos oponer a ese mundo de nichos de mercado dominado por reality messengers, un mundo dominado por seres diferenciados y no homologados, por una crítica constructiva, un humanismo contemporáneo, por la complejidad de las emociones y en general, por todo lo que nos hace humanos bellos, feos y complicados simultáneamente.

¿Un futuro tecnológico increíble?

Al parecer asistimos con júbilo a una gran tragedia humanitaria, ya que no solo las hambrunas, las olas migratorias o el cambio climático forman parte de los grandes problemas contemporáneos. Desde hace un tiempo los medios de comunicación nos han vendido un futuro edulcorado por los beneficios de sofisticadas tecnologías que poco a poco hemos ido incorporando a nuestras vidas, sin darnos cuenta que la digitalización de la vida cotidiana podría tener un lado oscuro.

Nos enfrentamos a la desmaterialización de la vida cotidiana

Fuente: lavanguardia.com

Ya desde los años setenta, el capitalismo de primera generación presentaba el consumo de bienes suntuarios como la panacea de la libertad en las grandes capitales del primer mundo, todo ello evolucionó de un homo economicus a un homo digital y con ello, a la desmaterialización de la vida cotidiana. Ello no es solo el eco generacional de un sentimiento nostálgico y puramente anecdótico sobre el mundo que se marcha, se trata efectivamente de una pérdida mayor: la pérdida paulatina y a veces instantánea del mundo real, lo cuál repercute no solo en nuestra supuesta gran capacidad de trasladar toda la existencia a una computadora, migrar de la oficina al teletrabajo o pasar de las salas de cine a la pantalla móvil, aquí el tema es que mientras se reducen las posibilidades de contacto en el mundo material, el uso de ciertos sentidos se hace innecesario. De tal manera que el homo digital solo necesita el sentido de la vista y el oído, mientras que sentidos como el gusto, el olfato y el tacto pasan a un segundo plano o simplemente quedan amputados. Así el homo habilis se transforma en un homo inhabilitado y esa desmaterialización de la vida cotidiana impacta de forma directa en nuestra forma de comunicarnos, nuestra forma de amar, de hacer amistades o de establecer relaciones laborales.

La procrastinación digital, que no es más que la capacidad para estar en diversos mundos al mismo tiempo o la incapacidad para prestar atención a un solo evento, refleja que también un proceso de deshumanización, que pasa por la exclusión de los grandes motores de la conciencia humana que dieron paso a lo que somos como especie: la contemplación de la naturaleza, la capacidad de filosofar, la empatía con los otros, lo posibilidad de dar un beso o un abrazo, la posibilidad de compartir el silencio o un momento trascendental bajo las estrellas, en fin, todo lo que constituye el contacto humano.

En la corta posmodernidad se hubiera celebrado como un performance el matrimonio del japonés Akihiko Kondo con un holograma, hoy podemos afirmar que aunque la estupidez humana se ha aplaudido en todos los tiempos, en el mundo actual recibimos la pérdida de ciertos sentidos con júbilo desbordante.

Anibal Barillas, Berlín

Las interacciones digitales están cambiando las interacciones materiales

Política y sociedad

Anibal Barillas

Carta abierta al presidente de Guatemala

Berlín, 3 de diciembre de 2020

Dr. Alejandro Giammattei /Presidente de la república de Guatemala

En mi calidad de ciudadano le saludo, sin obviar la gravedad de los asuntos aquí expuestos, que constituyen no solo una observación, sino también una advertencia y una alerta a nivel nacional e internacional. Dispense por tanto mi tono didáctico.

Clases de ética. La política es un punto medio entre el ser y el deber ser, un equilibrio entre los deberes que impone la ley y los valores y necesidades sociales. El voto popular es un acto que legitima una agenda de trabajo y otorga un poder temporal. El mismo exige concertación, diálogo y negociación entre gobernantes y gobernados, proceso que constituye la esencia de la democracia. Por lo mismo, no es ético que el pueblo muera de hambre y sea reprimido o eliminado por exigir aquellos derechos que por naturaleza le pertenecen.

Clases de historia. La sociedad Guatemalteca apenas ha superado el impacto del conflicto armado, en el cual desaparecieron y murieron más de 250,000 personas en la ciudad y el campo. Está de más que le recuerde (aunque pertenezca al bando negacionista), que el genocidio tuvo razones ideológicas y geopolíticas (la guerra fría), razones raciales heredadas de la colonia (exterminar población indígena), razones de clase (exterminar toda oposición a los intereses de la oligarquía). Es de todos sabido, que en esa coyuntura el ejército no actuó solo (movido por intereses gremiales), sino que estuvo aliado a los intereses de la CIA en la región y el apoyo logístico, territorial e incluso en recurso humano que prestó la élite criolla (lumpen-burguesía). Bajo esa lógica de tres poderes paralelos, los políticos de derecha solo fueron títeres de turno en una confrontación desigual. Ojo, en Guatemala el poder absoluto, no solo ha corrompido absolutamente, sino también ha alimentado las tendencias sociopatas de políticos, militares y la élite criolla ¿quiere ser usted parte de ese selecto grupo?

Clases de coyuntura. Estoy seguro que sus asesores, versados en asuntos de contrainsurgencia, le habrán convencido, que tiene usted aliados poderosos dentro de estos tres grupos paralelos, que no lo dejarán caer y que criminalizar al movimiento social, reprimirlo y desmantelarlo, es conveniente y necesario. Y me pregunto, si le habrán aclarado la fortaleza o debilidad de sus alianzas: si en efecto cuenta, con el apoyo total del alto mando del ejército o el apoyo de la cúpula política en Washington, considerando que la transición de poder Trump-Biden implica un cambio estratégico en la región (recuerde que la Unión Europea ya envió una advertencia de descontento a Guatemala). Visto así, en esta coyuntura, lejos de la facción militar fascista (la Cofradía) y el movimiento evangélico pentecostal conservador que lo apoya, el único sector del poder paralelo que se alinea a su política es el Cacif, que lo sostendrá en la silla presidencial hasta el último momento, tal y como lo hizo con Otto Pérez Molina (a menos que deje de ser útil). De ser así, es harto sabido cuál será el final de esta historia, en el que no habrá ganadores, solo perdedores. A la conflictividad político-social en crescendo, se suma la crisis sanitaria provocada por la pandemia, la desnutrición infantil y en el 2021 le espera a Guatemala una hambruna nunca antes vista, sumado a la depauperación de la ya disminuida clase media, concentrada en la ciudad (eslabón importante de su base política y mediática). Tendrá que lidiar entonces, de forma simultánea, con varios frentes socialmente diferenciados. La salida de Cicig, el ascenso de Consuelo Porras en el MP y la cooptación de las cortes (vía CSJ), cierra el círculo de desmantelamiento del estado de derecho. Por tanto, en estos momentos el Estado es solo un adjetivo, un cascarón vacío, sin más contenido que el despotismo. La mancuerna de impunidad política para delinquir, cooptación del Estado, corrupción generalizada y represión al movimiento social, son el condimento de una crisis de mayores proporciones.

Señor Presidente, está dejando acorralarse por la ira y la revancha contra aquellos que desprecia. Recuerde que no hay que crearse enemigos innecesarios y que la cólera y el desequilibrio psicológico, son malos aliados en una crisis política.

Clases de prospectiva. El arte de gobernar implica saber leer la historia para atajar la coyuntura, y descifrar la coyuntura para prever el futuro. Ello nos dota de la capacidad para crear escenarios posibles en las relaciones de poder. Visto groso modo, su gestión permite proyectar tres escenarios:

1. Salida negociada. Hacer eco de las demandas sociales, fuerzas políticas y comunidad internacional, desligarse del pacto de corruptos y atender las necesidades urgentes (despedir de inmediato al ministro de gobernación y jefe de la policía). Ello le permitiría renunciar, al lado de su gabinete, con un poco de dignidad y evitar una persecución judicial inminente. Además contribuiría a la construcción de un mejor país, la estabilidad institucional y sería un acto más estratégico que aferrarse a la silla presidencial. Recuerde que su renuncia permitiría apenas un respiro a la sociedad y de hecho no desmontaría la fuerza legislativa de su partido, ni problemas estructurales. No se trata solo de salvar su pellejo o su reputación o de las consecuencias judiciales de sus actos, se trata de la estabilidad de un país que pende de una cuerda floja y un régimen que viene en caída libre.

2. Suicidio político. Seguir la inercia errática de su mandato, desmantelar el estado de derecho y el ya endeble sistema democrático, nos coloca en el peor de los escenarios: mina las condiciones de legalidad y legitimidad del Estado a nivel nacional e internacional. Ello tarde o temprano arrastrará al país a una confrontación violenta. Sabemos que su única experiencia política es como director de presidios, pero le recuerdo que no puede gestionar Guatemala como una penitenciaría (al respecto le recomiendo leer a Kafka).

3. Lo indeseable. Asfixiar la esperanza de un pueblo en la clase política y cerrar los espacios de participación en la vida pública, implica un retroceso a los años sesenta en Guatemala. Su reiterada necedad por llevarnos a la confrontación, su falta de entereza moral y el dominio de la cólera, la ira y la arrogancia, sobre la razón y la ética humanista, nos pueden llevar al peor escenario posible, del que se desprenden varias preguntas:

¿ Señor presidente, quiere usted arrastrar al país a otro conflicto armado?¿O simplemente está dispuesto a usar el monopolio de la violencia contra un población civil desarmada? ¿pretende entonces iniciar una carrera de ejecuciones extrajudiciales de líderes sociales? ¿En ese caso, quiere ser usted recordado como “el desquiciado” que provoco otro exterminio en masa en Guatemala en el siglo XXI? ¿Ya se percató, que de seguir esos pasos, habría que invocar la presencia de los Cascos Azules de Naciones Unidas, para impedir más atrocidades en el país?

Por todo eso lo conmino a que recapacite, se que las mieles del poder son un gran adictivo, pero no crea todo lo que ve por cuatro años, ya que puede cambiar drásticamente. Pregúntese con honestidad que quiere ser: un Ríos Montt conocido a nivel internacional por actos de lesa humanidad, un Otto Pérez Molina detrás de las rejas por corrupción o un Jimmy Morales huyendo de la ley con el dinero del pueblo. Señor presidente, estamos cerca de un abismo, cuyas profundidades son desconocidas o quizá muy conocidas.

Si hace oídos sordos a una advertencia, del todo bienintencionada, que solo persigue evitar derramamiento innecesario de sangre y agravamiento de las condiciones ya críticas que padece el país, entonces que su Dios lo agarre confesado y asuma las consecuencias de sus actos.

Atentamente,

Anibal Barillas Diéguez

Las dimensiones de la lucha

La nación-Estado no puede existir una vez que ha quedado roto su principio de igualdad ante la ley

Hannah Arendt

De forma reiterada, el régimen de Alejandro Giammattei, utiliza medidas de contrainsurgencia disuasiva, infiltración y uso de fuerzas ilegales de seguridad para cometer delitos auto-inflingidos e inculpar a la sociedad civil en sus demostraciones pacíficas de descontento. Eso fue lo que ocurrió éste pasado 28 de noviembre frente al palacio nacional, cuando desconocidos agredieron a defensores de derechos humanos y luego prendieron fuego a u autobús frente al palacio nacional. Al parecer, las fuerzas de seguridad, al mando de Gendry Reyes, se ejercitan en el viejo oficio de desarticular a los manifestantes a través de la violencia y consolidar un Estado fallido para los pobres y funcional para los ricos (Cacif), donde naturalmente no todos somos iguales frente a la ley.

Ello no debe desmontar el espíritu democrático y al mismo tiempo combativo de estudiantes, campesinos, obreros y pueblo en general. Por el contrario, la necesidad de fortalecer los vínculos de unidad en el movimiento popular, hoy son más urgentes que nunca.

Pero la unidad históricamente ha presentado varios retos, que pasan por fenómenos como: las características del liderazgo gremial, las estrategias de neutralización del Estado y cámaras empresariales y las diferencias de clase.

Cada gremio tiene naturalmente uno o varios líderes que capitalizan las reivindicaciones de grupo, la reducción de su lucha a las necesidades del gremio (obrero, campesino, estudiantil, magisterial) no les permite entrar en grandes procesos de alianza (vanguardia). En ese sentido, lo urgente es que los diferentes líderes gremiales se sienten a la mesa para establecer estrategias de lucha unitaria, de cara a un Estado colapsado. De no ser eso posible, los cuadros medios de cada organización deben empezar a pensar dos posibilidades: substituir a sus líderes (por su incapacidad de negociación) o crear instancias que permitan a los cuadros medios y a la base negociar con la base de otros gremios, ésto es: negociar horizontalmente.

Por otro lado, es harto sabida la estrategia del Estado-corrompido y el Cacif de neutralizar a ciertos gremios a través del soborno a líderes sociales o el cumplimiento, en determinadas coyunturas y por intercambio de favores, de pequeñas reivindicaciones. El caso más crítico, pero no el único, lo constituye el de Joviel Acevedo, quién recientemente acaba de ofrecer el apoyo de su base magisterial para apoyar al régimen de Giammattei a cambio del aumento de salarios a los maestros. Esta actitud oportunista y degenerada de Joviel, provoca el desmantelamiento (adormecimiento) de una facción importante del profesorado. Pero la substitución de Joviel no solo pasa por su enquistamiento en redes de corrupción, sino por factores como el carisma y el caciquismo de la cultura política guatemalteca.

A ello se suman las diferencias de clase que existen entre los trabajadores del campo y la ciudad, ya que lejos de las condiciones de opresión y miseria, la concentración de la pequeña burguesía en la ciudad no logra dar el salto cualitativo y vincular sus reivindicaciones al movimiento campesino, para que el horizonte tenga un verdadero contenido nacional.

Este es solo un brochazo de las debilidades que el movimiento popular debe superar, mientras se aceleran las condiciones objetivas y subjetivas para un cambio, que debería incluir: la renuncia del régimen actual, la reconstrucción del Estado de derecho, la lucha contra la corrupción o el llamado generalizado a una Asamblea Nacional Constituyente.

Anibal Barillas, Berlín

Canto a Guatemala

Uno de cada dos niños guatemaltecos sufre desnutrición crónica | Panorama:  Guatemala | UNICEF
Fotografía: unicef.org

Somos el niño que va a la escuela con el estómago vacío y mira por la ventana el aleteo de pájaros negros que levantan el polvo de ancianos caminantes, somos el campesino de manos callosas y paso firme que germina en la tierra y suelta la semilla en la madrugada, el mismo que arrebata horas al día para alimentar a las ciudades, somos el sombrero gastado, el morral, el caite, el güipil, el silencio, el cántaro, el delantal, los ojos negros que se plantan frente a un palacio ajeno para invocar una justicia negada durante 500 años.

Somos el estudiante enardecido que con el pecho abierto se enfrenta a los chacales, sabido que la verdad lo asiste y que la furia es un aliado feroz entre el humo de las bombas y los batones asesinos, somos la niña que regresa la piedra entre las barricadas, sus dedos como llama eterna quemando el rostro de los tiranos, somos una pausa entre los años y el susurro de los árboles que arrastran muchos nombres.

Somos la flor que nace en la triste grieta de una esquina, negando la inminencia de la muerte, somos el caminante sin pan y el horizonte sin dimensiones, la voz de los caídos y los que permanecen en pie de lucha frente a las montañas, somos el brazo que levanta las armas del mañana contra el opresor y el lacayo que lo encubre, somos el viento colándose por las barracas de pino, las láminas temblando mientras cae un torrencial de llanto, la luz que descansa en el rostro moreno de la mujer que navega entre la hierba, los ojos de la madre que nunca mueren, sus manos incansables tejiendo la existencia, su fuerza invisible aferrada entre las venas, somos la vida que se opone a la muerte y empuña las armas secretas de la ternura, la esperanza y el deseo.

Somos luz de octubre y palabra amontonada sin prisas, saliendo como ojiva para atravesar el cuerpo de la sombra, la garganta que no claudica y el verso que se escribe en las calles, somos un camino de cien caminos, de cien bocas dispuestas y cien cabezas que no descansan, somos el migrante en su paso infinito hacia una ciudad inerme, somos Tlaloc invocando la lluvia, y Balam cuidando cerros y montañas afilando las garras que le ha dado el cosmos.

Somos cuatro puntos cardinales, un pequeño cúmulo de ceniza entre los pies descalzos, somos un átomo que palpita en el corazón de una pirámide que nos llama, somos el niño que despierta con un libro en las manos y el padre que cuida su vigilia con un clavel, un fusil y un sueño,

somos el parpadeo fugaz de los días, el agua quieta que mira un pescador cerca del crepúsculo, somos la caricia de los amantes, versados en el silencio de un contacto secreto en los parques, la anciana entubada en un cuarto blanco, el pordiosero que arrastra sus extremidades entre el desperdicio de la noria, somos el obrero que deja el sudor en las fábricas y callejuelas sucias, somos la sangre y la carne que morirá luchando, somos el pueblo: un corazón infinito que se reconstruye caminando

Anibal Barillas

Terrorismo de Estado en Guatemala

…”El despotismo aparece de nuevo, cuando se ven amenazados los intereses de la clase política corrupta y las élites que los financia”…

Carlos Sebastián, fotóperiodista resultó herido tras una agresión de la PNC durante las manifestaciones del sábado. (Foto: Johan Ordóñez/AFF)
soy502.com (Foto: Johan Ordóñez/AFF)

Es crucial estar atentos, la historia reciente de Guatemala nos indica que la represión abierta al pueblo organizado, pronto se transforma en terrorismo de Estado. La detención ilegal de los ciudadanos que manifestaban pacíficamente frente al palacio nacional el viernes 21 de noviembre (que salieron libres por falta de pruebas) y la agresión brutal recibida por el foto-periodista Carlos Sebastián, constituyen indicadores de la orientación que está tomando el régimen de Alejandro Giammattei. Dichos actos de represión deben obligar la destitución inmediata del ministro de gobernación Gendri Reyes y el director de la policía José Tzuban.

Anotemos que todo Estado tiene el monopolio de la violencia en sus manos, sin embargo, debe usarlo racionalmente basado en las propias leyes que impone la constitución. Cuando sobrepasa las funciones de su mandato constitucional (abuso de poder) y cae en abierta violación de derechos humanos, es porque la dominación a través del temor constituye su principio básico.

El terrorismo de Estado puede aparecer de dos formas en Guatemala. Estructural, cuando es un ejercicio sistemático y corresponde a uno o varios períodos de gobierno. Aquí el régimen es abiertamente una dictadura. Usa operativos policiales-militares para secuestrar, desaparecer y ejecutar opositores. El estado de sitio y el estado de excepción se convierten en la norma. Condición que constituye la época de las dictaduras en el siglo XX.

Coyuntural. Cuando gobiernos electos democraticamente, abusan del poder que les ha dado el pueblo, para reprimir, amedrentar, sembrar terror, detener ilegalmente a población civil que se manifiesta en contra de sus políticas públicas o por ausencia de ellas. En este caso, el terrorismo de Estado coyuntural, aparece para golpear de forma directa y contundente a una facción del pueblo que se opone a una política determinada. Aquí los operativos policiales-militares son rápidos, directos y persiguen objetivos inmediatos: desmovilizar, aterrorizar o desorientar a la ciudadanía en general.

Por otro lado, debemos anotar que el terrorismo de Estado en Guatemala ha sido siempre acuerpado y financiado por la lumpen-burguesía (élite-criolla), por tanto, la presencia permanente del Cacif al lado de Giammattei constituye la prueba fehaciente de su función alimentando la maquinaria de represión política, desfalco del Estado y debilitamiento de la democracia.

Por tanto, la configuración del terrorismo de Estado en Guatemala, es un ejercicio que las élites y políticos corruptos adoptan en épocas de crisis políticas, cuando sus intereses espurios han salido a la luz. Y si bien el terrorismo de Estado-coyuntural puede aparecer y desaparecer adaptándose a la crisis (es versátil), para el caso del terrorismo de Estado-estructural, se deben presentar ciertas condiciones internas y externas:

1. Debilitar la institucionalidad para tener el control total del Estado. Ello requiere desmontar las propias instituciones del Estado que velan por el cumplimiento cabal de los principios constitucionales. En otras palabras, desmontar el ya debilitado Estado de derecho, es uno de los pasos prioritarios. Esto se observa en la cooptación de la Corte Suprema de Justicia (pro-oficialista) que favorece el pacto de corruptos en el Congreso, mientras debilita la Corte de Constitucionalidad. Otro ejemplo se cristaliza en el ataque permanente a la Procuraduría de derechos Humanos y por defecto, al procurador Jordan Rodas, lo que constituye una evidencia de esta estrategia de neutralización interna.

En esa misma línea, poco a poco se ha ido cristalizando el papel que juega María Consuelo Porras, como peón del pacto de corruptos para debilitar el Ministerio Público y neutralizar todos los núcleos al interior de la institución, que fueron fortalecidos por la Cicig.

2. Plantar evidencias falsas, infiltrar a través de pandilleros o inteligencia militar las marchas pacíficas, para provocar a la policía y justificar la represión en ascenso. Cada vez queda mas claro que la quema del Congreso fue un acto auto-inflingido. Se observa que las puertas no tenían los candados usados regularmente (lo que facilita forzarlas), la policía permaneció inmóvil mientras ingresaban “desconocidos”, se sorprendió infraganti a la policía sacando armamento de una alcantarilla, se encontró al interior del Congreso bidones con gasolina (imposibles de introducir antes del incendio). En conclusión, los funcionarios involucrados en el acto ilícito auto-inflingido deben ser juzgados, empezando por la junta directiva del Congreso.

3. Lo anterior alimenta toda una estrategia de desprestigio de los movimientos sociales a nivel nacional e internacional. Se monta una campaña nacional que desvirtúa y deslegitima las reivindicaciones sociales (infiltración) y se monta una campaña internacional para legitimar al régimen (el llamado a la Carta Democrática Interamericana de la OEA, organismo que de paso a apoyado golpes de Estado en América Latina).

4. Todo lo anterior tiene como objetivo, criminalizar a la ciudadanía que se manifiesta pacíficamente contra las políticas de un Estado corrompido, y crea las condiciones idóneas para pasar del mero terrorismo de Estado-coyuntural (represión focal) al terrorismo de Estado-estructural (represión generalizada).

Naturalmente el terrorismo de Estado deja terreno abierto a la corrupción, porque el poder político ya no tiene oposición ni contrapesos internos (los tres poderes del Estado quedan en manos de una rosca de ladrones). El desfalco del Estado ya no se hace con complejas estratagemas administrativas, se hace abiertamente, repartiéndose el botín.

Por ello nos debe mover la indignación frente a tanta corrupción y tanta injusticia. Atentar contra la vida humana para enriquecerse ilícitamente, es el acto de degradación y degeneración más grande en el que puede caer un régimen y las élites criollas que lo apoyan.

Anibal Barillas, Berlín