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Se cierra el círculo de la corrupción

Resulta por demás preocupante la reciente asignación de magistrados para la Corte de Constitucionalidad (CC) para el período 2021-2026, particularmente porque muchos de ellos tienen acusaciones en su contra. En pocas palabras, no es de extrañar que se intenten cooptar las cortes a través de jueces corruptos que favorecen los intereses de la élite política y la élite económica. Pero el trasfondo de ésto va más allá del mero intercambio de favores entre funcionarios.

Queda claro que para la alta lumpenburguesía (élite criolla), es importante colocar en puestos de poder (CC) a estos peones a su servicio, que pertenecen a meros “estratos paria” o directamente a la “baja lumpenburguesía” que opera en el llamado pacto de corruptos (políticos, militares, jueces y burócratas). El objetivo es cerrar el círculo de cooptación de los tres organismos del Estado, lo que equivale a decir que intentan cerrar también el círculo hegemónico, que les permitirá utilizar la ley, no solamente para seguirse lucrando de la cosa pública, sino también para neutralizar a la oposición política.

Carta abierta al presidente de Guatemala

Berlín, 3 de diciembre de 2020

Dr. Alejandro Giammattei /Presidente de la república de Guatemala

En mi calidad de ciudadano le saludo, sin obviar la gravedad de los asuntos aquí expuestos, que constituyen no solo una observación, sino también una advertencia y una alerta a nivel nacional e internacional. Dispense por tanto mi tono didáctico.

Clases de ética. La política es un punto medio entre el ser y el deber ser, un equilibrio entre los deberes que impone la ley y los valores y necesidades sociales. El voto popular es un acto que legitima una agenda de trabajo y otorga un poder temporal. El mismo exige concertación, diálogo y negociación entre gobernantes y gobernados, proceso que constituye la esencia de la democracia. Por lo mismo, no es ético que el pueblo muera de hambre y sea reprimido o eliminado por exigir aquellos derechos que por naturaleza le pertenecen.

Clases de historia. La sociedad Guatemalteca apenas ha superado el impacto del conflicto armado, en el cual desaparecieron y murieron más de 250,000 personas en la ciudad y el campo. Está de más que le recuerde (aunque pertenezca al bando negacionista), que el genocidio tuvo razones ideológicas y geopolíticas (la guerra fría), razones raciales heredadas de la colonia (exterminar población indígena), razones de clase (exterminar toda oposición a los intereses de la oligarquía). Es de todos sabido, que en esa coyuntura el ejército no actuó solo (movido por intereses gremiales), sino que estuvo aliado a los intereses de la CIA en la región y el apoyo logístico, territorial e incluso en recurso humano que prestó la élite criolla (lumpen-burguesía). Bajo esa lógica de tres poderes paralelos, los políticos de derecha solo fueron títeres de turno en una confrontación desigual. Ojo, en Guatemala el poder absoluto, no solo ha corrompido absolutamente, sino también ha alimentado las tendencias sociopatas de políticos, militares y la élite criolla ¿quiere ser usted parte de ese selecto grupo?

Clases de coyuntura. Estoy seguro que sus asesores, versados en asuntos de contrainsurgencia, le habrán convencido, que tiene usted aliados poderosos dentro de estos tres grupos paralelos, que no lo dejarán caer y que criminalizar al movimiento social, reprimirlo y desmantelarlo, es conveniente y necesario. Y me pregunto, si le habrán aclarado la fortaleza o debilidad de sus alianzas: si en efecto cuenta, con el apoyo total del alto mando del ejército o el apoyo de la cúpula política en Washington, considerando que la transición de poder Trump-Biden implica un cambio estratégico en la región (recuerde que la Unión Europea ya envió una advertencia de descontento a Guatemala). Visto así, en esta coyuntura, lejos de la facción militar fascista (la Cofradía) y el movimiento evangélico pentecostal conservador que lo apoya, el único sector del poder paralelo que se alinea a su política es el Cacif, que lo sostendrá en la silla presidencial hasta el último momento, tal y como lo hizo con Otto Pérez Molina (a menos que deje de ser útil). De ser así, es harto sabido cuál será el final de esta historia, en el que no habrá ganadores, solo perdedores. A la conflictividad político-social en crescendo, se suma la crisis sanitaria provocada por la pandemia, la desnutrición infantil y en el 2021 le espera a Guatemala una hambruna nunca antes vista, sumado a la depauperación de la ya disminuida clase media, concentrada en la ciudad (eslabón importante de su base política y mediática). Tendrá que lidiar entonces, de forma simultánea, con varios frentes socialmente diferenciados. La salida de Cicig, el ascenso de Consuelo Porras en el MP y la cooptación de las cortes (vía CSJ), cierra el círculo de desmantelamiento del estado de derecho. Por tanto, en estos momentos el Estado es solo un adjetivo, un cascarón vacío, sin más contenido que el despotismo. La mancuerna de impunidad política para delinquir, cooptación del Estado, corrupción generalizada y represión al movimiento social, son el condimento de una crisis de mayores proporciones.

Señor Presidente, está dejando acorralarse por la ira y la revancha contra aquellos que desprecia. Recuerde que no hay que crearse enemigos innecesarios y que la cólera y el desequilibrio psicológico, son malos aliados en una crisis política.

Clases de prospectiva. El arte de gobernar implica saber leer la historia para atajar la coyuntura, y descifrar la coyuntura para prever el futuro. Ello nos dota de la capacidad para crear escenarios posibles en las relaciones de poder. Visto groso modo, su gestión permite proyectar tres escenarios:

1. Salida negociada. Hacer eco de las demandas sociales, fuerzas políticas y comunidad internacional, desligarse del pacto de corruptos y atender las necesidades urgentes (despedir de inmediato al ministro de gobernación y jefe de la policía). Ello le permitiría renunciar, al lado de su gabinete, con un poco de dignidad y evitar una persecución judicial inminente. Además contribuiría a la construcción de un mejor país, la estabilidad institucional y sería un acto más estratégico que aferrarse a la silla presidencial. Recuerde que su renuncia permitiría apenas un respiro a la sociedad y de hecho no desmontaría la fuerza legislativa de su partido, ni problemas estructurales. No se trata solo de salvar su pellejo o su reputación o de las consecuencias judiciales de sus actos, se trata de la estabilidad de un país que pende de una cuerda floja y un régimen que viene en caída libre.

2. Suicidio político. Seguir la inercia errática de su mandato, desmantelar el estado de derecho y el ya endeble sistema democrático, nos coloca en el peor de los escenarios: mina las condiciones de legalidad y legitimidad del Estado a nivel nacional e internacional. Ello tarde o temprano arrastrará al país a una confrontación violenta. Sabemos que su única experiencia política es como director de presidios, pero le recuerdo que no puede gestionar Guatemala como una penitenciaría (al respecto le recomiendo leer a Kafka).

3. Lo indeseable. Asfixiar la esperanza de un pueblo en la clase política y cerrar los espacios de participación en la vida pública, implica un retroceso a los años sesenta en Guatemala. Su reiterada necedad por llevarnos a la confrontación, su falta de entereza moral y el dominio de la cólera, la ira y la arrogancia, sobre la razón y la ética humanista, nos pueden llevar al peor escenario posible, del que se desprenden varias preguntas:

¿ Señor presidente, quiere usted arrastrar al país a otro conflicto armado?¿O simplemente está dispuesto a usar el monopolio de la violencia contra un población civil desarmada? ¿pretende entonces iniciar una carrera de ejecuciones extrajudiciales de líderes sociales? ¿En ese caso, quiere ser usted recordado como “el desquiciado” que provoco otro exterminio en masa en Guatemala en el siglo XXI? ¿Ya se percató, que de seguir esos pasos, habría que invocar la presencia de los Cascos Azules de Naciones Unidas, para impedir más atrocidades en el país?

Por todo eso lo conmino a que recapacite, se que las mieles del poder son un gran adictivo, pero no crea todo lo que ve por cuatro años, ya que puede cambiar drásticamente. Pregúntese con honestidad que quiere ser: un Ríos Montt conocido a nivel internacional por actos de lesa humanidad, un Otto Pérez Molina detrás de las rejas por corrupción o un Jimmy Morales huyendo de la ley con el dinero del pueblo. Señor presidente, estamos cerca de un abismo, cuyas profundidades son desconocidas o quizá muy conocidas.

Si hace oídos sordos a una advertencia, del todo bienintencionada, que solo persigue evitar derramamiento innecesario de sangre y agravamiento de las condiciones ya críticas que padece el país, entonces que su Dios lo agarre confesado y asuma las consecuencias de sus actos.

Atentamente,

Anibal Barillas Diéguez

Las dimensiones de la lucha

La nación-Estado no puede existir una vez que ha quedado roto su principio de igualdad ante la ley

Hannah Arendt

De forma reiterada, el régimen de Alejandro Giammattei, utiliza medidas de contrainsurgencia disuasiva, infiltración y uso de fuerzas ilegales de seguridad para cometer delitos auto-inflingidos e inculpar a la sociedad civil en sus demostraciones pacíficas de descontento. Eso fue lo que ocurrió éste pasado 28 de noviembre frente al palacio nacional, cuando desconocidos agredieron a defensores de derechos humanos y luego prendieron fuego a u autobús frente al palacio nacional. Al parecer, las fuerzas de seguridad, al mando de Gendry Reyes, se ejercitan en el viejo oficio de desarticular a los manifestantes a través de la violencia y consolidar un Estado fallido para los pobres y funcional para los ricos (Cacif), donde naturalmente no todos somos iguales frente a la ley.

Ello no debe desmontar el espíritu democrático y al mismo tiempo combativo de estudiantes, campesinos, obreros y pueblo en general. Por el contrario, la necesidad de fortalecer los vínculos de unidad en el movimiento popular, hoy son más urgentes que nunca.

Pero la unidad históricamente ha presentado varios retos, que pasan por fenómenos como: las características del liderazgo gremial, las estrategias de neutralización del Estado y cámaras empresariales y las diferencias de clase.

Cada gremio tiene naturalmente uno o varios líderes que capitalizan las reivindicaciones de grupo, la reducción de su lucha a las necesidades del gremio (obrero, campesino, estudiantil, magisterial) no les permite entrar en grandes procesos de alianza (vanguardia). En ese sentido, lo urgente es que los diferentes líderes gremiales se sienten a la mesa para establecer estrategias de lucha unitaria, de cara a un Estado colapsado. De no ser eso posible, los cuadros medios de cada organización deben empezar a pensar dos posibilidades: substituir a sus líderes (por su incapacidad de negociación) o crear instancias que permitan a los cuadros medios y a la base negociar con la base de otros gremios, ésto es: negociar horizontalmente.

Por otro lado, es harto sabida la estrategia del Estado-corrompido y el Cacif de neutralizar a ciertos gremios a través del soborno a líderes sociales o el cumplimiento, en determinadas coyunturas y por intercambio de favores, de pequeñas reivindicaciones. El caso más crítico, pero no el único, lo constituye el de Joviel Acevedo, quién recientemente acaba de ofrecer el apoyo de su base magisterial para apoyar al régimen de Giammattei a cambio del aumento de salarios a los maestros. Esta actitud oportunista y degenerada de Joviel, provoca el desmantelamiento (adormecimiento) de una facción importante del profesorado. Pero la substitución de Joviel no solo pasa por su enquistamiento en redes de corrupción, sino por factores como el carisma y el caciquismo de la cultura política guatemalteca.

A ello se suman las diferencias de clase que existen entre los trabajadores del campo y la ciudad, ya que lejos de las condiciones de opresión y miseria, la concentración de la pequeña burguesía en la ciudad no logra dar el salto cualitativo y vincular sus reivindicaciones al movimiento campesino, para que el horizonte tenga un verdadero contenido nacional.

Este es solo un brochazo de las debilidades que el movimiento popular debe superar, mientras se aceleran las condiciones objetivas y subjetivas para un cambio, que debería incluir: la renuncia del régimen actual, la reconstrucción del Estado de derecho, la lucha contra la corrupción o el llamado generalizado a una Asamblea Nacional Constituyente.

Anibal Barillas, Berlín

Canto a Guatemala

Uno de cada dos niños guatemaltecos sufre desnutrición crónica | Panorama:  Guatemala | UNICEF
Fotografía: unicef.org

Somos el niño que va a la escuela con el estómago vacío y mira por la ventana el aleteo de pájaros negros que levantan el polvo de ancianos caminantes, somos el campesino de manos callosas y paso firme que germina en la tierra y suelta la semilla en la madrugada, el mismo que arrebata horas al día para alimentar a las ciudades, somos el sombrero gastado, el morral, el caite, el güipil, el silencio, el cántaro, el delantal, los ojos negros que se plantan frente a un palacio ajeno para invocar una justicia negada durante 500 años.

Somos el estudiante enardecido que con el pecho abierto se enfrenta a los chacales, sabido que la verdad lo asiste y que la furia es un aliado feroz entre el humo de las bombas y los batones asesinos, somos la niña que regresa la piedra entre las barricadas, sus dedos como llama eterna quemando el rostro de los tiranos, somos una pausa entre los años y el susurro de los árboles que arrastran muchos nombres.

Somos la flor que nace en la triste grieta de una esquina, negando la inminencia de la muerte, somos el caminante sin pan y el horizonte sin dimensiones, la voz de los caídos y los que permanecen en pie de lucha frente a las montañas, somos el brazo que levanta las armas del mañana contra el opresor y el lacayo que lo encubre, somos el viento colándose por las barracas de pino, las láminas temblando mientras cae un torrencial de llanto, la luz que descansa en el rostro moreno de la mujer que navega entre la hierba, los ojos de la madre que nunca mueren, sus manos incansables tejiendo la existencia, su fuerza invisible aferrada entre las venas, somos la vida que se opone a la muerte y empuña las armas secretas de la ternura, la esperanza y el deseo.

Somos luz de octubre y palabra amontonada sin prisas, saliendo como ojiva para atravesar el cuerpo de la sombra, la garganta que no claudica y el verso que se escribe en las calles, somos un camino de cien caminos, de cien bocas dispuestas y cien cabezas que no descansan, somos el migrante en su paso infinito hacia una ciudad inerme, somos Tlaloc invocando la lluvia, y Balam cuidando cerros y montañas afilando las garras que le ha dado el cosmos.

Somos cuatro puntos cardinales, un pequeño cúmulo de ceniza entre los pies descalzos, somos un átomo que palpita en el corazón de una pirámide que nos llama, somos el niño que despierta con un libro en las manos y el padre que cuida su vigilia con un clavel, un fusil y un sueño,

somos el parpadeo fugaz de los días, el agua quieta que mira un pescador cerca del crepúsculo, somos la caricia de los amantes, versados en el silencio de un contacto secreto en los parques, la anciana entubada en un cuarto blanco, el pordiosero que arrastra sus extremidades entre el desperdicio de la noria, somos el obrero que deja el sudor en las fábricas y callejuelas sucias, somos la sangre y la carne que morirá luchando, somos el pueblo: un corazón infinito que se reconstruye caminando

Anibal Barillas

Terrorismo de Estado en Guatemala

…”El despotismo aparece de nuevo, cuando se ven amenazados los intereses de la clase política corrupta y las élites que los financia”…

Carlos Sebastián, fotóperiodista resultó herido tras una agresión de la PNC durante las manifestaciones del sábado. (Foto: Johan Ordóñez/AFF)
soy502.com (Foto: Johan Ordóñez/AFF)

Es crucial estar atentos, la historia reciente de Guatemala nos indica que la represión abierta al pueblo organizado, pronto se transforma en terrorismo de Estado. La detención ilegal de los ciudadanos que manifestaban pacíficamente frente al palacio nacional el viernes 21 de noviembre (que salieron libres por falta de pruebas) y la agresión brutal recibida por el foto-periodista Carlos Sebastián, constituyen indicadores de la orientación que está tomando el régimen de Alejandro Giammattei. Dichos actos de represión deben obligar la destitución inmediata del ministro de gobernación Gendri Reyes y el director de la policía José Tzuban.

Anotemos que todo Estado tiene el monopolio de la violencia en sus manos, sin embargo, debe usarlo racionalmente basado en las propias leyes que impone la constitución. Cuando sobrepasa las funciones de su mandato constitucional (abuso de poder) y cae en abierta violación de derechos humanos, es porque la dominación a través del temor constituye su principio básico.

El terrorismo de Estado puede aparecer de dos formas en Guatemala. Estructural, cuando es un ejercicio sistemático y corresponde a uno o varios períodos de gobierno. Aquí el régimen es abiertamente una dictadura. Usa operativos policiales-militares para secuestrar, desaparecer y ejecutar opositores. El estado de sitio y el estado de excepción se convierten en la norma. Condición que constituye la época de las dictaduras en el siglo XX.

Coyuntural. Cuando gobiernos electos democraticamente, abusan del poder que les ha dado el pueblo, para reprimir, amedrentar, sembrar terror, detener ilegalmente a población civil que se manifiesta en contra de sus políticas públicas o por ausencia de ellas. En este caso, el terrorismo de Estado coyuntural, aparece para golpear de forma directa y contundente a una facción del pueblo que se opone a una política determinada. Aquí los operativos policiales-militares son rápidos, directos y persiguen objetivos inmediatos: desmovilizar, aterrorizar o desorientar a la ciudadanía en general.

Por otro lado, debemos anotar que el terrorismo de Estado en Guatemala ha sido siempre acuerpado y financiado por la lumpen-burguesía (élite-criolla), por tanto, la presencia permanente del Cacif al lado de Giammattei constituye la prueba fehaciente de su función alimentando la maquinaria de represión política, desfalco del Estado y debilitamiento de la democracia.

Por tanto, la configuración del terrorismo de Estado en Guatemala, es un ejercicio que las élites y políticos corruptos adoptan en épocas de crisis políticas, cuando sus intereses espurios han salido a la luz. Y si bien el terrorismo de Estado-coyuntural puede aparecer y desaparecer adaptándose a la crisis (es versátil), para el caso del terrorismo de Estado-estructural, se deben presentar ciertas condiciones internas y externas:

1. Debilitar la institucionalidad para tener el control total del Estado. Ello requiere desmontar las propias instituciones del Estado que velan por el cumplimiento cabal de los principios constitucionales. En otras palabras, desmontar el ya debilitado Estado de derecho, es uno de los pasos prioritarios. Esto se observa en la cooptación de la Corte Suprema de Justicia (pro-oficialista) que favorece el pacto de corruptos en el Congreso, mientras debilita la Corte de Constitucionalidad. Otro ejemplo se cristaliza en el ataque permanente a la Procuraduría de derechos Humanos y por defecto, al procurador Jordan Rodas, lo que constituye una evidencia de esta estrategia de neutralización interna.

En esa misma línea, poco a poco se ha ido cristalizando el papel que juega María Consuelo Porras, como peón del pacto de corruptos para debilitar el Ministerio Público y neutralizar todos los núcleos al interior de la institución, que fueron fortalecidos por la Cicig.

2. Plantar evidencias falsas, infiltrar a través de pandilleros o inteligencia militar las marchas pacíficas, para provocar a la policía y justificar la represión en ascenso. Cada vez queda mas claro que la quema del Congreso fue un acto auto-inflingido. Se observa que las puertas no tenían los candados usados regularmente (lo que facilita forzarlas), la policía permaneció inmóvil mientras ingresaban “desconocidos”, se sorprendió infraganti a la policía sacando armamento de una alcantarilla, se encontró al interior del Congreso bidones con gasolina (imposibles de introducir antes del incendio). En conclusión, los funcionarios involucrados en el acto ilícito auto-inflingido deben ser juzgados, empezando por la junta directiva del Congreso.

3. Lo anterior alimenta toda una estrategia de desprestigio de los movimientos sociales a nivel nacional e internacional. Se monta una campaña nacional que desvirtúa y deslegitima las reivindicaciones sociales (infiltración) y se monta una campaña internacional para legitimar al régimen (el llamado a la Carta Democrática Interamericana de la OEA, organismo que de paso a apoyado golpes de Estado en América Latina).

4. Todo lo anterior tiene como objetivo, criminalizar a la ciudadanía que se manifiesta pacíficamente contra las políticas de un Estado corrompido, y crea las condiciones idóneas para pasar del mero terrorismo de Estado-coyuntural (represión focal) al terrorismo de Estado-estructural (represión generalizada).

Naturalmente el terrorismo de Estado deja terreno abierto a la corrupción, porque el poder político ya no tiene oposición ni contrapesos internos (los tres poderes del Estado quedan en manos de una rosca de ladrones). El desfalco del Estado ya no se hace con complejas estratagemas administrativas, se hace abiertamente, repartiéndose el botín.

Por ello nos debe mover la indignación frente a tanta corrupción y tanta injusticia. Atentar contra la vida humana para enriquecerse ilícitamente, es el acto de degradación y degeneración más grande en el que puede caer un régimen y las élites criollas que lo apoyan.

Anibal Barillas, Berlín

Lumpen-burguesía y corrupción

Vandalizan y prenden fuego a ventanales del Congreso
Fuente de la fotografía: soy502.com

La república guatemalteca fue fundada por una lumpen-burguesía (la élite criolla), que pronto borró su origen lumpen (ladrones, sicarios, marineros venidos a menos y vagabundos españoles) y construyó un estado colonial a su imagen, basado en el exterminio y la esclavitud de la población indígena. Así, el genocidio y el robo de propiedad comunitaria constituyen su esencia, su sello identitario.

Sin entrar en detalles, diremos que la élite guatemalteca, aún con las subsiguientes migraciones europeas, jamás asumió ni la ideología, ni la praxis de la burguesía europea (liberal y capitalista en sentido estricto), en todo caso, la propiedad de los medios de producción (basada en el latrocinio y el monopolio), tan solo le permitió erigirse como una casta-clase, lo que les ha facilitado manipular el Estado a su antojo y construir una hegemonía cultural, con la excepción de la revolución de 1944. En otras palabras, a pesar de poseer la riqueza de cualquier burguesía, su ideología sigue siendo arcaica, oportunista, atrasada, retrograda, patriarcal y profundamente medieval.

500 años después, ésta élite criolla sigue tutelando el Estado y reproduciendo su origen lumpen, ahora ya no de forma directa (aunque hay excepciones), sino con lo que llamaremos la baja-lumpen burguesía: esto que aparece de forma grotesca frente a nuestros ojos y constituyen las mafias organizadas integradas por políticos corruptos, militares, ex-militares, jueces y operadores menores, que son precisamente los que apoyaron y aprobaron recientemente, el presupuesto del Estado (2021) de forma oscura, ominosa y a espaldas de un pueblo cada vez más pobre por la ausencia de políticas públicas de atención social frente a la carestía generada por la pandemia.

Si bien la élite criolla (lumpen-burguesía), sigue presente en el tutelaje ilegal y brutal del Estado a través del Cacif, quien opera y administra la cosa pública, es un estrato paria que constituye precisamente el reflejo de ésta élite, con la diferencia que la Baja lumpen-burguesía no tienen el auto-apelativo de “criollo” y mucho menos de casta, dentro de su identidad racial-económica (vienen de todas las clases sociales), simplemente constituyen una especie de “peones” al servicio de un sistema para-estatal, cuya función es servir de forma sistemática a los intereses de la oligarquía en menoscabo de los intereses del pueblo; en cuyo proceso son premiados con un botín económico-político, ésto es, la posibilidad de enriquecerse ilícitamente dentro de las arcas públicas. En otras palabras, toda vez, esta baja lumpen-burguesía proteja los intereses de la élite criolla, ésta los premia con altas cuotas de impunidad para cometer actos ilícitos. Un ejemplo del liderazgo criollo de las bandas de delincuencia organizada en el Congreso (diputados), es el de la familia Arzú & Co. (lumpen-burguesía), que aparecen como operadores directos de toda política de lumpenización de la cosa pública y malversación de fondos. Y los casos en el organismo ejecutivo abundan, desde Otto Pérez Molina, Baldetti, Jimmy Morales, hasta Giammattei, todos pertenecen a esta baja lumpen-burguesía.

Anotemos entonces, que la identidad de la baja lumpen-burguesía, se reduce a ser un peón de la élite criolla, por tanto su carácter es profundamente servil con la oligarquía y su meta es corromper y lumpenizar el Estado para enriquecerse ilícitamente en poco tiempo. No resulta extraño que el presupuesto público sea uno de sus objetivos delictivos.

Por todo lo anterior, la corrupción no se puede ver como un fenómeno coyuntural, constituye un fenómeno histórico que ha evolucionado en diferentes etapas, liderado por la élite criolla, que le ha proveído soporte económico, logístico y partidario. Tan solo cito ejemplos formales, aún con las pugnas de poder interno entre la oligarquía o la descomposición prematura de partidos como la UNE, que hoy se suman a esta debacle, y que inicialmente se identificaron como socialdemócratas. Así, la estructura partidaria que rota dentro del Estado y en la que se reproduce la baja lumpen-burguesía en Guatemala esta formada por: VALOR, FCN, VIVA, VAMOS, CREO, HUMANISTA, BIEN, UNE y Prosperidad Ciudadana. Partidos todos de derecha, centro derecha o ambiguos ideológicamente, que no tienen nada de nuevo, son el calco y reciclaje de partidos como el PAN, GANA o FRG.

Frente a todo ello ¿aprenderá el pueblo de Guatemala a no votar por partidos políticos que aparecen como nuevos pero son el reciclaje de la vieja política criolla de represión y robo descarado desde el Estado? ¿Podrá esta crisis y las que vienen ser el detonante para generar un frente de unidad de todos aquellos sectores democráticos y progresistas? Creo que el malestar ciudadano demostrado ayer en la plaza de la constitución es el efecto esperado frente a tanta corrupción y vacío de liderazgo, y la rebelión popular es un derecho. Mientras que la represión de la policía, es el acto desesperado del régimen de Giammattei por frenar a través de la violencia, la indignación frente a tanta barbarie.

Anibal Barillas, Berlín

El primer libro

El primer libro que escribí y que yo mismo encuaderné, era un libro de poesía, tendría 19 años, había empezado a estudiar lengua y literatura en la Universidad de San Carlos (plan sabatino) y lo único que me movía era cierta necesidad e intuición (una poiesis extraña). La tapa era de una cartulina negra con una textura corrugada, hice un sello bastante rústico con duroport y utilicé acuarela blanca. Luego maquete burdamente en Word y lo engrapé. Se llamaba “estepario” y fue la primera experiencia literaria que me dio alguna satisfacción. El verso libre me pareció desde entonces la forma idónea en que podía comunicarme y de alguna manera me liberó del peso y lo bochornoso de la rima, una practica literaria que siempre me pareció, más que pasada de moda, un tanto ridícula. Nunca entendí que sentido tenía el que una palabra rimara con otra. Luego, en mi propia experiencia, descubrí que construía las oraciones basado en el ritmo y que efectivamente (gracias a pocas lecturas anteriores), la musicalidad del texto constituía, a mi parecer, parte esencial también del contenido, seguramente ese era el origen de la rima que yo tanto aborrecía.

Infinidad de veces revisé cada línea y ritmo interno del texto, y aunque creo que ese ejercicio fue un tanto maniático para un escritor totalmente desconocido, me ayudó a descubrir un método de trabajo: no estar satisfecho nunca con el texto, cosa que sigo haciendo en mi proceso creativo. Esa insatisfacción frente al texto terminado hoy se une a la revisión constante del ritmo, solo que ahora en narrativa.

En algún lugar de mi pequeño país, entre cajas y papeles, habrá un ejemplar de Estepario, ahora solo recuerdo que mi primer libro estaba cargado de esa luz extraña que solo aparece en la juventud y que ya he perdido.

Élites decadentes

El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente, recita un viejo pasaje dentro de la cultura política (Dictum de Acton 1887). Sin embargo, incluso la naturaleza deformante del poder en aquellos que lo detentan, tiene ciertos límites de forma, aunque no de contenido. Todo poder político o económico de carácter despótico así, debe mantener una especie de equilibrio a-moral, de tal forma que sus verdaderas intenciones, no aparezcan como sus actos. Ésta ética de la demagogia, el engaño, el engatusamiento, es la que practican las oligarquías desde hace siglos, pero cuando sus intenciones y actos se equiparan, cuando valores y praxis son equivalentes para éstas clases oscuras, estamos frente al desborde del poder, un poder sin límites, sin contrapesos dentro o fuera del Estado.

En el caso de Guatemala, la avaricia de la élite criolla es histórica, por ello, a toda costa, los bufones que hacen de intelectuales orgánicos de dicha oligarquía, pretenden borrar el origen histórico de sus villanías. Por ejemplo, pretenden borrar, que no provienen de prominentes familias españolas o en su caso, europeas, sino de simples ladrones, militares oportunistas y una masa lumpen que vio una oportunidad de enriquecimiento ilícito en la conquista. Pero esta deshistorización de su origen “lumpen”, en la mayoría de casos la logran, arrastrando a las masas a una especie de adoración (sino fetichización) de sus propios modales, comportamientos y formas de propiedad (en sentido aspiracional). Así, mientras las élites, borran su condición de lumpen-burguesía, las masas tratan de emular su vulgar forma de presentarse al mundo. Si ésta relación de demagogia: élite-masa, fuera falsa, la intervención permanente del CACIF, como aparato de la lumpen-burguesía en el Estado, resultaría, para una mayoría del pueblo, algo escandaloso e insoportable, pero en cada elección, aparece como algo natural, algo dado, algo normal.

Naturalmente estamos hablando de la hegemonía cultural de esta lumpen-burguesía (élite criolla), que en dominio de las fuerzas productivas, moldea una sociedad a su semejanza, ésto es, legitimando en un bucle permanente sus intereses de clase, como intereses de todo el conjunto social. Tal farsa se puede mantener durante siglos, pero cuando la ambición y las propias condiciones de impunidad que dicha clase genera en el Estado, dan paso a una especie de descaro ominoso, descaro para robar, reprimir, corromper el Estado, reducir impuestos a las empresas, enriquecerse con el erario público etc., entonces estamos frente a élites decadentes, que ya no tienen nada que perder, nada que esconder ni fingir, élites, que en el ejercicio absoluto del poder económico, político y cultural, se quitan la máscara que los cubre de un falsa moral cristiana, evangélica o simplemente una mascara ética, que presenta ciertos valores (sus valores de clase), como valores colectivos, y entonces aparecen como lo que realmente son, bajan al sótano y desempolvan el lienzo que dibuja su verdadera naturaleza perversa, como si se tratara de una representación teatral del “Retrato de Dorian Gray”.

Anibal Barillas, Berlín

La élite decadente, al propiciar, de forma peligrosa, la vulnerabilidad de la sociedad guatemalteca y particularmente de las capas medias (más empobrecidas) y desarmarlos políticamente, ha hecho una transformación sutil, se ha quitado la máscara burda que la presenta como burguesía frente a la sociedad, y ha aparecido su rostro, su verdadera esencia lumpen, ésto es, el latrocinio y el oportunismo de clase, como ética de todos sus actos.